TechnoloCHICAS, o cómo aumentar el número de hispanas en IT

Varias jóvenes hispanas, participantes del programa TechnoloCHICAS, aparecen al frente de un foro público, siendo entrevistadas.
Panel de preguntas y respuestas con las integrantes del programa TechnoloCHICAS 2.0.

El día de hoy tuve el honor de asistir al evento de TechnoloCHICAS 2.0, una campaña liderada por la Fundación Televisa, Google, Microsoft y otros, y que tiene a Eva Longoria y otras figuras de alto impacto como promotoras.

Este esfuerzo busca aumentar el número de latinas en la industria de IT. La campaña se centra en jóvenes de EU (muchas de ellas hijas de inmigrantes, eso sí) y a pesar de que las “technolochicas” son unas pocas elegidas, el impacto que se pretende es mucho mayor. (Por ahí nos chismearon de una telenovela juvenil que buscará promover este mensaje.)

Las causas que buscan dar acceso a mayores oportunidades resuenan profundo en mí. Si en efecto estoy ahora trabajando en IT en Silicon Valley fue no solo por mi esfuerzo, sino también por mis padres y maestros, así como muchas otras personas que me fueron dando la mano en el camino. Quizás por eso siento que ahora me toca a mí comenzar a dar la mano.

Curiosamente, hay mucha gente que piensa como yo (de ahí que el evento de hoy haya llenado un auditorio en el campus de Google); sin embargo, y como una de las tecnolochicas esta mañana, “muchos jóvenes se descalifican de las oportunidades sin siquiera intentar”.

Esto es definitivamente cierto. He conocido a mucha gente – jóvenes, sí, pero también no tan jóvenes – que sienten que sus sueños están fuera de su alcance. Imaginan un mundo ideal que por ideal, consideran irrealizable; al hacerlo, no se esfuerzan siquiera en lograrlo.

Por supuesto, el futuro ideal de todos estará en diferentes partes, haciendo diversas cosas. Sin embargo, si me he de quedar con un mensaje como aprendizaje del evento de hoy (y miren que hubo muchos), sería este:

Los jóvenes a veces solo necesitan que alguien les dé un empujón: que les haga ver que, de hecho, ellos pueden hacer lo que se propongan. La condición social, las habilidades matemáticas, el origen, el género y todas esas cosas importan muy poco para el que tiene fe en sí mismo, tenacidad y constancia.

Pero, al mismo tiempo, es muy fácil solo hablar. Es mucho más poderoso mostrarse, hacerse disponible, y que el joven vea que ese profesionista que está en ese lugar que él anhela para sí, quizás, tuvo principios más humildes que él.

Y entonces, dar la mano.