40 millones de cibernautas mexicanos, dice AMIPCI

La AMIPCI recientemente presentó su reporte anual estadístico de la penetración y uso del internet y las telecomunicaciones en México. Algunos datos interesantes:

  • En México habemos 40.6 millones de usuarios del internet. Considerando que la población de México en 2010 según el censo de Inegi era de 112.3 millones, el internet tiene ya el 36% de penetración en el país.
  • El uso de dispositivos móviles para acceder a Internet se duplicó; ahora está casi al nivel de las computadoras de escritorio y las laptop (58% vs. 64% y 61%, respectivamente).
  • El 92% de los usuarios mexicanos usan redes sociales. Quienes no, la mayoría lo hacen porque “no les interesa”, pero un 53% citaron que lo hacen para proteger sus datos personales.
  • El 74% de los usuarios mexicanos entra a Facebook al menos una vez al día.
  • En lo que se refiere a publicidad en línea, la más efectiva (en términos de que la gente la recuerde) parece ser la ubicada en los buscadores, seguida de cerca por la que aparece en redes sociales.
  • De los ámbitos no directamente computacionales, la industria del cine es la que mejor ha aprovechado la publicidad en línea.
  • La mitad de los internautas mexicanos dicen que les gusta que haya publicidad en las redes sociales (!).

Algunas conclusiones personales:

  • Si bien la penetración del internet sigue estando muy por debajo de países más desarrollados, no vamos nada mal. 40 millones son una cantidad importante en términos de mercado. 36% de la población es un porcentaje importante en términos de influencia de medios y difusión de opiniones. No por nada México ha generado ya sus propios memes.
  • La cantidad de mexicanos que utilizan dispositivos móviles en la red (unos 23 millones) me hace ponderar cómo es que el estado del diseño web y la usabilidad web en México no ha cobrado más impulso hacia aprovechar estos medios, mediante técnicas como “mobile first”, “responsive design”, etc.
  • Si antes era dudosa la rentabilidad de una campaña en línea bien diseñada, el volumen actual de potenciales receptores deberá tener una influencia a favor de esta opción. Máxime los anuncios que logran capturar la atención e incluso el favor del cibernauta, explotando la interactividad y las capacidades de la plataforma digital de manera inteligente. Por algo los anuncios de películas han sido tan eficientes.

¿Para qué quieres tu sitio web?

“¿Que quieres hacer un sitio web? ¡Excelente! Pero, ¿para qué lo quieres?”

Esa suele ser mi primer pregunta cuando alguien me pide ayuda o consejo acerca de un sitio web. Puede ser que el cliente potencial sepa mucho o poco sobre cómo puede aprovechar internet para sus propósitos. Sin embargo, si no sabe qué es lo que quiere comunicar o qué quiere permitir hacer en internet, el esfuerzo no llegará muy lejos.

Hay que recordar que “el internet” no equivale a “el WWW”. Hoy día, la convergencia de las redes sociales, juegos y otras aplicaciones en una variedad de plataformas accesibles a la comunidad (celulares, computadoras, videojuegos…) debería hacerlo evidente: el internet es una plataforma genérica de comunicación, colaboración y creación.

De ahí que, dependiendo de la respuesta que la otra persona me dé, será que yo trate de guiarlo en un plan de acción adecuado a sus objetivos. A veces será un sitio web “genérico”, a veces será solo un blog, a veces será una aplicación; quizás el cliente se beneficiará más de utilizar servicios ya existentes en vez de reinventar la rueda; tal vez una o varias redes sociales entren en la ecuación.

Al final, la idea original del cliente quizás quede aumentada, disminuida o eliminada por completo. Tal vez está intentando imponerle una solución técnica a un problema que esencialmente es de comunicación humana con sus clientes o sus empleados. O tal vez, por otro lado, tiene un caso de negocios ideal para una hermosa solución de e-business y está deseoso de involucrarse en un proyecto así.

Pero descubrir todo esto, en realidad, será tarea mutua, dentro de esta exploración inicial, del desarrollador o consultor y del cliente potencial. Hacer bien este acercamiento inicial, esta labor de análisis de negocios, puede ser crucial para definir el éxito de un futuro proyecto – o para saber cuándo es mejor dar las gracias y retirarse.

Obstáculos para la usabilidad

Destapacorchos
El destapacorchos es un ejemplo de un aparato sencillo, pero no necesariamente usable.

“Usabilidad” es una palabrita bastante autodescriptiva: es el estudio de cuán fácil de usar es algo. Se dice que algo es usable cuando su uso es intuitivo, cuando se siente natural.

En el contexto del desarrollo de tecnologías de información, la usabilidad es, o debería ser, el pan de cada día. En cada decisión de diseño, infraestructura, etc. que tomamos en la construcción o mantenimiento de un sitio web público, un sitio de intranet o una aplicación, el buen desarrollador siempre tendrá en cuenta la pregunta fundamental: ¿Cómo estoy ayudando a que la información fluya mejor?

Esto puede resultar obvio, pero así como el mundo está lleno de buenas intenciones, siempre se cuentan con obstáculos para tomar la mejor solución. Algunos son:

  • Que el sitio o sistema no tenga objetivos claros. Si no sabemos exactamente qué quiere transmitir el sistema o sitio web, ¿cómo determinar cuál es la mejor manera de transmitirlo?
  • Que los clientes y stakeholders que toman las decisiones sobre un sistema no tengan un punto único de vista sobre algo, lo cual lleva a crear “caprichos” en vez de resultados realmente usables. Recordemos que quienes ordenan la creación de un sitio o sistema y quienes vigilan su desarrollo no siempre son usuarios del mismo.
  • Que los usuarios finales del sistema o sitio son desconocidos, o no se cuenta con una manera de medir su comportamiento.
  • Que los usuarios del sitio o sistema son demasiado diversos, de modo que lo que es “fácil de usar” para unos resulta “difícil de usar” para otros.
  • Que el desarrollador del sitio o sistema no reconoce la importancia de la usabilidad, de tal modo que los sitios o sistemas cumplen especificaciones funcionales… pero su uso es un enigma.

Esto, solo por hacer un resumen muy breve.

La solución para los primeros puntos estribará en la administración del proyecto, en la guía del desarrollador (mediante un líder de proyectos competente, por ejemplo) para educar al cliente, en comprender las necesidades tanto de los stakeholders como de los usuarios finales del proyecto y buscar siempre un balance entre ambas. Son cosas que muchas veces se aprenden a la mala, pero resultan en grandes ganancias a la hora de coordinar un proyecto.

En lo que respecta al último punto, sin embargo, todo desarrollador que se respete a sí mismo tiene la obligación de reconocer la importancia de la disciplina de la usabilidad y aprender sobre ella. Esto es especialmente importante si el desarrollador no tiene una formación en diseño (quienes dicen, y con justa razón, que los ingenieros tendemos a pensar “en cuadritos”).

Afortunadamente la usabilidad no es nada nueva y, en lo que a web se refiere, la guía de personajes como el venerable Jakob Nielsen es invaluable. Para los desarrolladores que no saben inglés, dos palabras: una: ¿qué esperas para aprender?; otra: como sea, aquí estaremos para engrosar el volumen de la discusión en el idioma español.